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Modelo argentino para turismo y empleo es un proyecto educativo comunitario de inclusión social de cooperación entre el ITEC Iguazú (Argentina) y el Niagara College (Canadá)
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(19/09/2014)
Turismo Cultural Mbya Guaraní en Argentina

Autor: salvador, claudio*

Introducción

Yryapú Turismo Guaraní (YTG) es un emprendimiento autogestionado de base comunitaria que ofrece experiencias de etnoturismo o Turismo Cultural Indígena. Está localizado en la República Argentina, en la provincia de Misiones, ciudad de Puerto Iguazú, más precisamente en la selva Yyryapu (Yyryapu significa en lengua mbya guaraní “Sonido lejano del agua o de las aguas”) de las Cataratas del Iguazú, un territorio indígena estratégicamente ubicado en el trayecto vial que une a este atractivo internacional con el centro de la ciudad.

De haber contado con sus recursos ancestrales, productos de una relación armoniosa con su medio natural, las comunidades indígenas jamás hubiesen pensado en incursionar en el turismo. Esta decisión es forzada por la desaparición de su hábitat y la necesidad –individual y colectiva- de supervivir en un nuevo contexto de carácter hostil a sus costumbres. Responde no obstante a oportunidades que se generan en el entorno en el que se desenvuelven las personas. En este caso, una iniciativa de base acompañada por un proceso de educación intercultural para el trabajo y el desarrollo de potencialidades presentes en una minoría étnica que derivaron en un aumento sustantivo de capacidades para la autogestión de sus emprendimientos. Asimismo, la presencia de una cultura originaria viva dispuesta a compartir con los visitantes turísticos una parte atractiva de sus saberes, manifestaciones culturales y –por qué no- de sus luchas, es una oportunidad para el mercado, ávido de sumar productos para aumentar los índices de permanencia de los viajeros y contribuir a romper la estacionalidad de la demanda, tendencias que pugnan con el perfil de visitación masiva dominante.
 Poner en valor las experiencias indígenas de turismo comunitario es por lo tanto un desafío para todos los actores del Estado, de la sociedad y del mercado en particular. Supone un cambio de actitud del conjunto y acciones que son competencia de cada uno de esos estamentos.
 La hipótesis que seguimos lleva también implícito un cambio “forzado desde abajo”. En el caso que presentamos, cabe la expresión, desde las propias raíces de un territorio.
 Asimismo, nos situamos en una concepción de la Economía Social y Solidaria (ESS) que promueve un impacto positivo hacia la reducción de la “dependencia institucionalizada” de las redes clientelares y, en consecuencia, un aumento de la autoestima de quienes aspiran a mejorar su calidad de vida y se enrolan en iniciativas productivas, que les permitan ingresos justos con el propósito de reproducir su “modo de ser y de vivir” tradicional.

I. Diagnóstico o problema que motivó el caso

YTG se reconoce en este proceso partiendo de un problema principal que son los elevados índices de desempleo y trabajo informal. En realidad debería decirse que el empleo está ausente en los términos formales, en las comunidades mbya guaraní vecinas al Parque Nacional Iguazú, alcanzando excepcionalmente al 2 % de la población económicamente activa de las comunidades del pueblo originario. Estos índices se ven agravados por la exclusión de esta minoría de los beneficios del negocio turístico generado en torno a las Cataratas.
 La singular cosmovisión del pueblo guaraní originario, su sistema económico de reciprocidad (jopói) y la reproducción de su modo de ser individual y colectivo (teko porã) en el espacio vital que llaman tekoa (PROF: Concepto ampliatorio: Tekoa significa en lengua mbya guaraní “Donde se vive según las costumbres”) imprimen a esta experiencia cualidades muy distintivas que deben re-significarse en el nuevo contexto. El reduccionismo e inmovilización al que han sido condenados los pueblos otrora migrantes como el mbya de origen ka’agüy hy gua, “perteneciente a la selva”, adicionan complejidad al pretender articularse, en un destino turístico, como una práctica responsable en un perfil de marcado con predominancia capitalista.

Hechas estas salvedades e identificadas estas tensiones, como estrategia de inserción se argumenta que la experiencia constituye un enriquecimiento de la oferta turística del destino-producto Cataratas del Iguazú. Aunque al sistema predominante le cueste aceptarlo, YTG es un microproducto de etnoturismo indígena de carácter genuino y autogestionado que interesa a un importante y calificado segmento del mercado.

En la autogestión colocamos la clave del ejercicio responsable del turismo que propone YTG. Lograr la puesta en valor turístico de la cultura indígena con fines comerciales nobles y en manos de las comunidades es un aspecto que agrega tensiones, pero que comienza a debatirse, no solo territorialmente, sino en diferentes niveles y escalas del complejo mercado turístico.
 Al mismo tiempo, hay intentos de articular redes de comercialización justa del turismo comunitario como por ejemplo la Red Trabolution www.travolution.org y operadores que apuestan a generar flujos de visitantes responsables, así como iniciativas del Ministerio de Turismo de la Nación a través de la Red Argentina de Turismo Comunitario, RATurC http://raturc.desarrolloturistico.gov.ar/litoral

II. La descripción del proceso

De cara a esa realidad, YTG nace desde un proyecto educativo intercultural, el Proyecto MATE www.proyectomate.org orientado a aumentar las oportunidades de empleo y autoempleo a través de la capacitación -crecimiento del capital humano y social- de jóvenes de la etnia Guaraní indígena de ambos sexos para la gestión y administración de experiencias turísticas culturales basadas en una rica matriz de bienes y recursos de su patrimonio natural y cultural.
 YTG es entonces la consecuencia de este proceso. Una organización de base comunitaria indígena. Una empresa social puede considerarse encaminada y en un estado medio-avanzado. Si bien ya funciona como organización en la actualidad –siguiendo las pautas que la misma comunidad se establece internamente- la unidad productiva no se ha conformado jurídicamente. Su forma jurídica está siendo analizada con cautela, ya que no existen marcos legales apropiados y se busca, dentro de las propuestas de la economía social, una respuesta respetuosa de la identidad indígena.

III. Algunos resultados, logros y enseñanzas

YTG es una fuente de empleo decente para un importante número de jóvenes que directamente se desempeñan en la atención de los turistas, como intérpretes indígenas de su patrimonio natural y cultural, ofreciendo paseos guiados por su selva y, en el centro de visitantes, servicios de gastronomía típica, charlas culturales a través de fotografías, dibujos, objetos antiguos y artesanías. El trabajo es solidario además en el mantenimiento del entorno físico y en la seguridad de los visitantes y sus bienes.
 Genera, para muchos otros miembros del tekoa, un canal de comercialización justo de artesanías y otros servicios culturales que enriquecen la oferta del emprendimiento y la proyectan territorialmente.
 Es importante puntualizar que nada de lo conseguido por esta comunidad se hubiese alcanzado sin su férrea determinación a superar la dependencia de las redes clientelares que los oprimen. El proyecto inicialmente consideró a la dignidad como un valor propio de la identidad originaria, un capital pre-existente que fue incrementado con la autoestima y capacidad emprendedora que hoy muestra como colectivo.
 Entre otros resultados, no es un dato menor la creciente demanda de oportunidades educativas por parte de la población comunitaria, tanto en la línea de la capacitación para el trabajo como para la alfabetización y la escolaridad en sus distintos niveles. Solo a modo de ejempo, según datos recolectado en el marco del proyecto, hasta el año 2013, sobre alrededor de 230 personas de la comunidad, ninguna persona mayor de 17 años había terminado los estudios secundarios.

IV. Propuestas y desafíos a futuro.

Los interrogantes que plantea Daniel Arroyo en su artículo la “Economía Social como estrategia de inclusión” son válidos para enfocar los desafíos que enfrenta la experiencia Yryapú Turismo Guaraní. Arroyo se pregunta: “¿Cómo articular los productivo y lo social? ¿Cuáles son los ejes estratégicos para dar sustentabilidad al crecimiento y el desarrollo económico de los sectores informales del mercado de trabajo? ¿Hacia dónde orientar las intervenciones del Estado? ¿Cómo relacionarse desde la ES con el mercado?”.
Arroyo parece estar describiendo a YTG al señalar que es “una experiencia basada en particularidades étnicas y culturales de un grupo de población Indígena [… en la cual] los conocimientos o saberes individuales y sociales, las construcciones asociativas y otros recursos intangibles como la identidad, los valores y la confianza, se constituyen como “reservas ocultas” y externalidades positivas de difícil identificación”.
En este sentido, Arroyo propone que “la Economía Social debe ayudar a construir tramas socio-productivas sustentables en las que el esfuerzo y la energía social –articulados con los intereses individuales- sean capitalizados en favor del bien común. La visibilidad de ésta implica cuestionar las lógicas duales de exclusión y apuntar a sociedades más homogéneas y equitativas […] y se debe derribar los muros que separan las políticas sociales de las políticas económicas”, para lo cual, sostiene que “el Estado debe ser reformado, de manera tal de desarrollar la Economía Social requiriendo una convergencia entre perfeccionamiento de las instituciones gubernamentales, los marcos jurídicos y una adecuada articulación con las organizaciones sociales. Por su parte, la Economía Social puede proveer un escenario que facilite la gestión del Estado, al promover la participación de la sociedad en las decisiones fundamentales que orientan la gestión de los recursos sociales y económicos. En esta lógica la consolidación y/o construcción de la Economía Social se hace factible”, argumenta Arroyo.

En un reciente Foro Federal del Turismo Rural organizado por la Cámara Argentina de Turismo Rural –CATUR- en mayo de 2013, al que fuimos convocados, se reconoció al Turismo Comunitario Indígena como un subsector de la economía turística. En este Foro se dejaron en claro demandas del turismo comunitario al señalar que: “En la actualidad no existen instrumentos normativos que garanticen con fuerza ley el ejercicio autogestionado del turismo por parte de las comunidades y pueblos originarios”. La ausencia de un marco regulatorio “…da pie a muchos abusos por parte de empresas que ven en los bienes patrimoniales de los pueblos recursos para su propio enriquecimiento. Esta situación frecuente no sólo representa un riesgo para la organización interna y los valores que las comunidades desean preservar y defender, sino que, además, esas actividades configuran una flagrante ilegitimidad, una clara amenaza a la integridad sociocultural y económica de la industria turística y, por lo tanto, una grave amenaza a la sustentabilidad de los productos o destinos”.
El mismo Foro propuso “establecer un código de ética para la modalidad, que sea refrendado por las cámaras de la actividad y, en lo posible, garantizado por instrumentos normativos” en provincias y municipios.
 Asimismo, las conclusiones expresan que “siempre que el turismo esté en manos de pueblos indígenas –o de sus comunidades-, y la actividad sea llevada a cabo en propiedades comunitarias, deben promoverse regímenes especiales, tanto impositivos como programas de producción turística, financiamiento, capacitación, promoción y comercialización apropiadas, con fuerte compromiso del Estado”. Esto es, “otorgar ventajas comparativas a favor de los dueños del Bien-Recurso y aumentar las oportunidades de construir al turismo responsable como herramienta para el bienestar de las comunidades, familias y personas que lo realicen de manera autogestionada”.
En este camino –y si se cumplen las condiciones descriptas- una meta sería “una resolución de la Administración Federal de Ingresos Públicos –AFIP- otorgando exención de los impuestos de su órbita, instrumento que podría ser luego homologado por los entes recaudadores provinciales y locales” beneficiando a las actividades productivas de las naciones originarias.

Conclusiones

El caso Yryapú Turismo Guaraní (YTG) constituye un aporte para la reflexión y construcción responsable de una economía del Teko Porã –“buen vivir” indígena- a través del etnoturismo de base comunitaria y su inclusión social en las Cataratas del Iguazú (Misiones, República Argentina).
 Como vimos en este caso, encontrar una propuesta de “desarrollo social” -entendido como recuperación del buen vivir al que aspiran las comunidades originarias y económico que reconozca la economía solidaria del jopói para reproducir el teko porã guaraní es el desafío más grande para cualquier propuesta de inclusión responsable y sostenible en las actuales condiciones de vida de las comunidades. En parte responde a las consignas que nos plantea Daniel Arroyo que, en nuestro caso, configuran algo así como una bitácora con la cual orientar los desafíos.
 Para los pueblos de la selva, los procesos y contradicciones del desarrollo que describe Kodol Unceta en su ensayo “Desarrollo, subdesarrollo, maldesarrollo y postdesarrollo” nunca sucedieron. Pero su estudio y los impactos que las diferentes corrientes y pensamientos tuvieron en las sociedades que nosotros llamamos modernas y los guaraníes originarios denominan “imperfectas” nos llaman al menos a la reflexión.
 El mismo autor nos lleva cronológicamente en esos procesos. Es importante destacar que ese “cordón umbilical entre la producción y el medio físico” del que habla Naredo en Unceta no se ha roto en el caso de la cultura mbya, a pesar de la insistencia casi obsesiva de pretender que todas las culturas deban cometer los mismos errores históricos que caracterizaron a la universalización u homogeneización de los criterios del desarrollo en todas sus etapas.
 La férrea conexión espiritual de los mbya con las fuerzas y el poder de la naturaleza, es el gran secreto de su resistencia al “maldesarrollo”, a un cambio que los despoje de este único tesoro cultural remanente.
 Finalmente, me permito subrayar que los mbya guaraní jamás conocieron los beneficios de una política pública de integración que los comprenda. Sin embargo, padecieron y padecen la ausencia de las mismas y del sistema clientelar que los empuja al consumismo y la dependencia de una sociedad envolvente que puede que se presente seductora al principio pero que, al mismo tiempo que los deslumbra, los hace crecientemente infelices.

Bibliografía

Arroyo, Daniel. “La Economía Social como estrategia de inclusión”. Bibliografía de la clase 22, del Diploma DLTyES.
 CATUR (2013), Foro Federal del Turismo Rural, Foro MILXMIL organizado por la Cámara Argentina de Turismo Rural. Buenos Aires, 15 de mayo de 2013
 Proyecto MATE, Modelo de Autogestión para Turismo y Empleo.
 Salvador, Claudio (20011), Etnoturismo Indígena en la selva de Cataratas. DELNET CIF, OIT.
- Unceta Satrústegui, Koldo, “Desarrollo, subdesarrollo, maldesarrollo y postdesarrollo”. Carta Latinoamericana, CLAES, Universidad del País Vasco, España. Abril 2009.

* Estudio de caso incorporado a la Diplomatura Superior en Desarrollo Local, Territorial y Economía Social de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO- ARGENTINA.

www.yryapu.org.ar


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